Cada vez hay menos ramas en mi árbol,
estas hojas ya han perdido el color,
las he perdido de a poco
y no precisamente porque sea otoño.
Veo el día apagarse ante mis ojos
y especialmente hoy no quiero oscuridad,
detesto sentir que viene por mi la soledad,
no quiero ver mis sueños succionados por un pozo.
La luz desaparece en mis pupilas,
el alma desaparece entre mis labios,
se me escapa el corazón por lo poros,
la cordura apareció ya hace varios días.
Los rumores del dolor que me trae el viento,
las opiniones de aquellos sabios
que no saben nada más que destruir,
sabios que no saben en absoluto algo de mi.
Hijos de la soledad,
padres de la desdicha,
creadores de la maldad,
pobres de poesía...
No sé como debería llamarlos,
tampoco sé como empezaron a afectarme,
quizás un día nacieron de mi propia mente
pero sólo pido no escucharlos.
Los Sueños se fueron rompiendo,
la esperanza se perdió errante,
más yo sólo espero encontrar
en este ultimo poema el alivio,
sólo quiero que estos fantasmas del tiempo
me devuelvan de algún modo el aliento.

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